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mural en trujillo - Perú

Incertidumbre venenosa.

Publicado: 2018-02-10

Las madres y padres peruanos en nuestra diaria labor de crianza y educación, debemos tener en cuenta muchos factores, otorgar independencia y autonomía en cuotas manejables, responsabilidades, recompensas, reglas y penalidades; todas vamos descubriéndonos en el camino, quizás nunca dejamos de aprender cosas nuevas, somos tan variadas en nuestras formas de llevar la maternidad, sin embargo confluímos en el amor y respeto por nuestras hijas e hijos. 

Pero hay algo importante que señalar, aparte de enseñar a cruzar la pista, a no tocar los tomacorrientes, a no jugar con cuchillos o tijeras; debemos extremar precauciones y cuidados; decirles mientras cambiamos de ropa a nuestras niñas 'nadie debe tocarte aquí y aquí a menos que sea yo, o la tía, o la abuela; y solo para lavarte o cambiarte', 'si tú no quieres que alguien te toque grita', 'si un extraño o conocido te hace sentir incómoda aléjate y pide ayuda', 'si te pierdes en la calle acércate a alguna mujer siempre y dile que ha pasado', y muchísimas otras frases que como un mantra que aleja el mal repetimos sin cesar.

Vivimos en una constante incertidumbre venenosa. Ninguna está libre ni segura, el abuso, violación sexual y feminicidio ocurre en todos los niveles socioeconómicos, en las familias de toda clase. Violador puede ser el cura, el profesor, el vecino, el padre, tío, primo, hermano, bien alimentado o no, rico o no, con antecedentes o sin ellos, víctima de violencia en la infancia o no, hijo de un putero o no.

¿Qué persona vive ensayando en su mente situaciones en que además de su integridad económica se juegue la sexual y hasta la vida misma?

Las mujeres.

¿Qué persona lleva tensos todos los músculos del cuerpo cuando viaja en taxi o regresa caminando a casa por la noche, esperando siempre lo peor?

Las mujeres.

¿Qué persona pasa la mitad de su tarea como madre cuidando a sus pequeñas de los hombres más que de cualquier otro peligro circunstancial?

Las madres.

Aprendemos desde niñas a cubrirnos, a no llamar la atención, a evitar responder los agravios porque pueden hacernos algo peor, pero lo están haciendo, a diario, así que NO ES NUESTRA RESPONSABILIDAD y NUNCA lo ha sido.

Debemos enseñar a nuestros hijos a no tocar sin permiso, a saber que no puede tenerlo ni se merece todo, que por ser varón no tendrá un trato diferenciado y el privilegio de ser "servido" por las mujeres, y en general a no desarrollar una masculinidad tóxica que degenera en violencia de género.

Los hombres violan niñas a diario, la policía y la fiscalía mal atienden las denuncias permitiendo la impunidad, el Estado y la sociedad las obliga a tener a los hijos de sus violadores, poniéndolas en peligro de muerte negándoles un aborto terapeútico, la opción de escoger, y el soporte imparcial e incondicional que necesita para rearmar los pedazos en que la violencia sexual te deja.

La gran mayoría de mujeres hemos sufrido violencia sexual. Eso quiere decir que la gran mayoría (por no decir todos) de hombres ha usado sus privilegios para abusar de las mujeres en mayor o menor medida al menos alguna vez en su vida.

Cuando nos convertirnos en madres tratamos de redoblar los esfuerzos que tuvieron nuestras madres y padres para protegernos de ese tipo de violencia que en específico nos afecta a la mitad de la población y que sin embargo no recibe aún el tratamiento adecuado.

Cuando un hombre se convierte en padre ¿hereda sus privilegios?

Vivimos en constante alerta, con una suerte de tensión que aniquila los nervios y te hace sentir cada día al borde de un precipicio, al borde de la muerte propia o la de los seres más dependientes y propensos al peligro, nuestras hijas.

Los padres viven ese miedo también, estoy segura. Pero ¿qué tanto hacen para erradicar la violencia que de forma incipiente fomentan en sus pequeños siendo permisivos, festejando que el niño atosigue a otra niña o la toque sin su permiso?

Necesitamos hacer hincapié en los primeros síntomas de nuestra sociedad enferma que se manifiestan en nuestros hogares como núcleos primigenios donde se reproducen conductas sociales. Lo personal es político y en la crianza no debe haber nada al azar; responsabilizar de las violaciones y muertes a las víctimas por generaciones ha demostrado ser infructuoso, es hora de identificar y denunciar las formas cotidianas en que se forman hombres sin respeto por la integridad y autonomía física de las mujeres, hay que heredar respeto.

Necesitamos a nivel sistemático que los delitos de violencia sexual no prescriban, que las niñas no sean obligadas a parir hijos engendrados con violencia y brutalidad, una educación con enfoque de género, donde se inyecte igualdad en las mentes de las niñas y niños y dejemos de producir víctimas y victimarios en serie; todas ellas medidas necesarias a la hora de implementar una política de prevención contrario a la carnicería que pretenden implementar como solución grupos seudomoralistas que no tienen respeto ni por la vida ni por la dignidad de millones de mujeres y niñas que somos víctimas constantes de este terrorismo machista. 

El Estado y la sociedad nos mantiene en este terror constante como estándar de vida, viviendo en incertidumbre, y con la única certeza de poder convertirnos en víctimas en cualquier momento, la pregunta sigue siendo: ¿Cuándo nos concentraremos en los violadores?.


Texto de Kem Kemper


Escrito por

Kem Kemper

Devoradora de libros y de diferentes formas de arte, Feminista declarada hace poco, pero rebelde con causa y justa razón desde siempre.


Publicado en

soyaukasisa

Comunidad feminista.